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domingo, 3 de junio de 2012

Reflexión personal, parte IV




Cada vez que alguien me dice que no soy
lo suficientemente lo-que-sea,
yo sólo veo un mono tocando los platillos.



jueves, 31 de mayo de 2012

Sigo aquí


Me dijo por teléfono que quería ver a otra gente. Yo pensé: "Bueno, entonces mira a tu alrededor, están por todos lados". Dijo que estaba confundido. Pensé: "Cariño, bienvenido al club". Treinta y dos años, crisis de la mediana edad. Hoy en día te llega cuando eres joven. Colgué. Él volvió a llamar. Colgué de nuevo. El proceso ya había comenzado. Por lo menos fue rápido. Juro que morí por dentro esa noche. 

Mi amigo, él llamó. No mencioné nada. Lo último que dijo fue: "Sé firme". Sé firme. Consideré una cosa horrible, odio admitirlo. Sólo pensé que esas serían unas muy apropiadas últimas palabras. Pero sigo aquí. Y pequeña. Tan pequeña... ¿Y por qué este problema puede parecer tan grande? Tan grande.

Mientras, las palmeras en la brisa todavía soplan verde y las olas en el mar siguen absolutamente azules. Pero el horror... cada cosa que veo es un recordatorio de él. Nunca pensé que maldeciría el día que lo conocí. Y dado que se ha ido y no escucharía, ¿a quién le importaría?¿De qué serviría eso?

Pero sigo aquí. Así que imagino que un mes o en doce estaré en algún lugar tomando algo, riéndome de una broma estúpida o de alguna otra cosa estúpida, y puedo verme parando en seco, desviándome del presente, succionada por la corriente y arrastrada profundo. Y ahí estoy, de pie. Hierba mojada y lápidas blancas. Todas en fila. Y a lo lejos hay una, por su cuenta. Entonces me detengo, me arrodillo. Mi nuevo hogar...

E imagino un despertar sobrio. Volver a entrar en esa pequeña escena del bar. Sorber mi bebida hasta que el hielo toque mis labios. Pedir otra ronda. Y eso es todo por ahora. Lo siento, nunca he sido muy buena para los finales felices.





Pearl Jam - I'm still here.


sábado, 28 de enero de 2012

Hablando de amor y otras falacias


Le gustaba, sobre todo, hablar del amor como si se tratara de un pariente muerto por el cuál ella nunca había sentido demasiado afecto.




Juan Marsé, Últimas tardes con Teresa

lunes, 12 de diciembre de 2011

Dándole cuerda al reloj


A veces el mundo se vuelve más y más grande, acaba siendo inabarcable. Y tú eres ese punto cada vez más pequeño, lejos, más lejos, hasta que eres sólo el recuerdo de una mota de polvo que solía ocupar su lugar. Y la soledad no es una circunstancia física sino un estado mental.

Al final todo el mundo se va. El mundo sigue girando, como en un tío vivo grotesco repleto de caballos de madera. Y sigues ahí, preguntándote por qué sigues ahí sin recordar la respuesta. Subes y bajas, suavemente. Pero todo el mundo se va. A otros lugares, a otro tiempo.

Me pregunto qué clase de vida es esta, si es que es una vida. Lo único que tienes que hacer es respirar, y levantarte de la cama, ir a trabajar, volver a casa, cenar, y dormir de nuevo. Y dar gracias a Dios por la familia y la salud. Hasta que finalmente te pudres.


domingo, 11 de diciembre de 2011

Humedad


Poco a poco, minuto a minuto, puedo sentir como voy desapareciendo. El jueves fui a calzarme y descubrí como mi pie derecho había comenzado a desvanecerse. Sospecho que un día, dentro de poco, me miraré al espejo y la imagen que me devolverá será la de los azulejos amarillentos que se ven a través de la cortina de la ducha, pero no habrá rastro de mí. Los transeúntes lo intuyen, por eso, en una especie de conspiración para mi conversión en transparencia, ni siquiera me devuelven la mirada en el autobús.