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domingo, 3 de junio de 2012
Reflexión personal, parte IV
jueves, 31 de mayo de 2012
Sigo aquí
sábado, 28 de enero de 2012
Hablando de amor y otras falacias
lunes, 12 de diciembre de 2011
Dándole cuerda al reloj
A veces el mundo se vuelve más y más grande, acaba siendo inabarcable. Y tú eres ese punto cada vez más pequeño, lejos, más lejos, hasta que eres sólo el recuerdo de una mota de polvo que solía ocupar su lugar. Y la soledad no es una circunstancia física sino un estado mental.
Al final todo el mundo se va. El mundo sigue girando, como en un tío vivo grotesco repleto de caballos de madera. Y sigues ahí, preguntándote por qué sigues ahí sin recordar la respuesta. Subes y bajas, suavemente. Pero todo el mundo se va. A otros lugares, a otro tiempo.
Me pregunto qué clase de vida es esta, si es que es una vida. Lo único que tienes que hacer es respirar, y levantarte de la cama, ir a trabajar, volver a casa, cenar, y dormir de nuevo. Y dar gracias a Dios por la familia y la salud. Hasta que finalmente te pudres.
