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lunes, 23 de mayo de 2011
Yo, me niego
viernes, 20 de mayo de 2011
Lo llaman democracia y no lo es
jueves, 19 de mayo de 2011
La Revolución Española

miércoles, 18 de mayo de 2011
Otro mundo es posible
MANIFIESTO “DEMOCRACIA REAL YA”:
Somos personas normales y corrientes. Somos como tú: gente que se levanta por las mañanas para estudiar, para trabajar o para buscar trabajo, gente que tiene familia y amigos. Gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean.
Unos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores. Unos creyentes, otros no. Unos tenemos ideologías bien definidas, otros nos consideramos apolíticos… Pero todos estamos preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros… Por la indefensión del ciudadano de a pie.
Esta situación nos hace daño a todos diariamente. Pero si todos nos unimos, podemos cambiarla. Es hora de ponerse en movimiento, hora de construir entre todos una sociedad mejor. Por ello sostenemos firmemente lo siguiente:
- Las prioridades de toda sociedad avanzada han de ser la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas.
- Existen unos derechos básicos que deberían estar cubiertos en estas sociedades: derecho a la vivienda, al trabajo, a la cultura, a la salud, a la educación, a la participación política, al libre desarrollo personal, y derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida sana y feliz.
- El actual funcionamiento de nuestro sistema económico y gubernamental no atiende a estas prioridades y es un obstáculo para el progreso de la humanidad.
- La democracia parte del pueblo (demos=pueblo; cracia=gobierno) así que el gobierno debe ser del pueblo. Sin embargo, en este país la mayor parte de la clase política ni siquiera nos escucha. Sus funciones deberían ser la de llevar nuestra voz a las instituciones, facilitando la participación política ciudadana mediante cauces directos y procurando el mayor beneficio para el grueso de la sociedad, no la de enriquecerse y medrar a nuestra costa, atendiendo tan sólo a los dictados de los grandes poderes económicos y aferrándose al poder a través de una dictadura partitocrática encabezada por las inamovibles siglas del PPSOE.
- El ansia y acumulación de poder en unos pocos genera desigualdad, crispación e injusticia, lo cual conduce a la violencia, que rechazamos. El obsoleto y antinatural modelo económico vigente bloquea la maquinaria social en una espiral que se consume a sí misma enriqueciendo a unos pocos y sumiendo en la pobreza y la escasez al resto. Hasta el colapso.
- La voluntad y fin del sistema es la acumulación de dinero, primándola por encima de la eficacia y el bienestar de la sociedad. Despilfarrando recursos, destruyendo el planeta, generando desempleo y consumidores infelices.
- Los ciudadanos formamos parte del engranaje de una máquina destinada a enriquecer a una minoría que no sabe ni de nuestras necesidades. Somos anónimos, pero sin nosotros nada de esto existiría, pues nosotros movemos el mundo.
- Si como sociedad aprendemos a no fiar nuestro futuro a una abstracta rentabilidad económica que nunca redunda en beneficio de la mayoría, podremos eliminar los abusos y carencias que todos sufrimos.
- Es necesaria una Revolución Ética. Hemos puesto el dinero por encima del Ser Humano y tenemos que ponerlo a nuestro servicio. Somos personas, no productos del mercado. No soy sólo lo que compro, por qué lo compro y a quién se lo compro.
Por todo lo anterior, estoy indignado.
Creo que puedo cambiarlo.
Creo que puedo ayudar.
Sé que unidos podemos.
Sal con nosotros. Es tu derecho.
Si tú también estás indignado, como yo, como millones de personas en este país, pásate por aquí: http://democraciarealya.es/ y contágiate de este espíritu de cambio que está invadiendo nuestra sociedad.
lunes, 2 de mayo de 2011
Arcadas dominicales
A veces, cuando por casualidad, me veo inmersa en una conversación sobre el nazismo y la Alemania nazi, suelo apuntar siempre lo mismo. Lo que verdaderamente me produce estupor y asco a partes iguales no es la persona de Hitler (que sin duda alguna fue un cabronazo sin alma y con un, bajo mi punto de vista, tremendo complejo de inferioridad debido a que tenía micropene y/o disfunción eréctil). Lo que verdaderamente me da escalofríos son sus subordinados, las juventudes de las SS, los soldados, los miembros del Tercer Reich, todos aquellos que perpetraron con sus propias manos los asesinatos y torturas de pobres seres humanos con el único delito de profesar una religión concreta. Porque dudo mucho que el cobarde de Hitler llegara a matar en su miserable vida a un solo judío. No le hacía falta, tenía millones de adeptos dispuestos a hacer el trabajo sucio. Es esa faceta del ser humano la que me inquieta, la posibilidad de que una persona normal, que podría ser tu vecino, acabe tratando a personas como a la peor basura disfrutando con su asesinato y humillación, en muchos casos, póstuma. Bien, esa es mi postura sobre el tema de la vileza humana. Creo que ha quedado clara.
Hoy domingo, después de zapear por todos los canales sin encontrar más que mierda digital terrestre, decidí apagar la televisión y ponerme a leer. Mientras comíamos mi padre me había dicho: “¿Has leído el reportaje de la Rolling Stone? Va sobre unos soldados americanos en Afganistán, menudos cabrones”, así que abrí la revista y me encendí un cigarro en busca del reportaje recomendado. Está firmado por Mark Boal, que ganó el Oscar en 2010 por la película ‘En tierra hostil’, más o menos con la misma temática militar y su lado oscuro. En líneas generales, hablaba sobre cómo durante la guerra de Afganistán, una división del ejército estadounidense había perpetrado una serie de crímenes contra civiles afganos inocentes, solamente porque estaban cabreados, asqueados, aburridos, fumados y, por una mezcla de todo ello, sentían odio por la población de ese país, ya fueran insurgentes o no. Sus mandos sabían lo que estaba pasando, y toda la compañía conocía que muchos soldados salían a asesinar civiles inocentes solamente por diversión. Pero todos miraban hacia otro lado, al fin y al cabo había algo que mantenía la moral de las tropas. Para que podáis comprender el grado de salvajismo os cito un pasaje del artículo: “Los miembros de la compañía Bravo comenzaron a hablar incesantemente sobre matar a afganos. Una idea, propuesta medio en broma, era tirar caramelos desde un Stryker cuando pasaran por un pueblo y disparar a los niños que corrieran a cogerlos. Según un soldado, también hablaron de otra posibilidad, en la que tirarían dulces enfrente y detrás del Stryker, y luego atropellarían a los niños con el vehículo”. Todo el reportaje detalla la clase de acciones que cometían, y otras como (disculpad mis pocos escrúpulos) la anécdota de que, después de cometer los asesinatos, uno de los sargentos se llevaba de recuerdo los dedos de sus víctimas, además de hacerse fotos orgullosos con los cadáveres, con los dedos formando el símbolo de la victoria, o de la paz, que recuerdan mucho al bochornoso escándalo de Abu Ghraib (recomiendo el documental ‘Taxi to the dark side’).
Todo lo que leía no hacía más que recordarme a aquellos soldados de las SS que tanto asco me producen, y que tanto horrorizaron durante generaciones a la sociedad mundial. Son soldados americanos de los que trata el reportaje de Boal, pero estoy segura de que podrían ser soldados de cualquier ejército de mundo. El ser humano es una raza cruel, lo fue durante la Segunda Guerra Mundial, lo fue en los gulags siberianos, lo fue en Hiroshima y Nagasaki, en Afganistán, en Bosnia, en Ruanda, en Irak, y todo apunta a que lo será en Libia.
Miré a través de la ventana y me quedé mirando la lluvia caer. ¿Cómo es posible que tanta maldad se pueda concentrar en un cuerpo, en miles de cuerpos de personas que poseen tanta bestialidad que no merecen ser llamados ni siquiera “bestias”?¿Qué clase de sociedad permite que ocurran esa clase de cosas?¿Por qué se han convertido en acciones comunes?
Dí una calada más a mi cigarro y un pensamiento cruzó mi mente: no me extrañaría en absoluto que en el 2012 la Tierra acabara con la humanidad en uno de esos asesinatos-suicidios, porque debe estar pensando que está siendo gobernada por asesinos desalmados. Yo también lo pensaría.
lunes, 25 de abril de 2011
Otra vida, otro lugar

El otro día me dio por ponerme a mirar fotos. Siempre preferiré los álbumes físicos porque imprimen más dramatismo que los digitales, cuando los recuerdos te abruman quedará más bonito derramar una lágrima escapada sobre una página manoseada por el paso de los años que sobre el teclado del ordenador. Pero todos somos hijos de nuestro tiempo, así que archivo mis fotos en el ordenador, como cualquier hijo de vecino.
Cuando llegué a las imágenes de mi adolescencia, además de horrorizarme por mi escaso gusto a la hora de vestir y de peinarme, me salió una sonrisa agridulce. Aquellos sí que eran buenos tiempos. La vida parecía ser eterna y en un año podían pasarte cientos de cosas: tenías más de cinco relaciones porque descubrías que el chico que te gustaba ya no lo hacía y fijabas tu interés en otro, tenías un montón de planes para los fines de semana, cualquier cosa que te ocurría era fuera de lo común, conocías personas nuevas casi cada día. Y lo mejor de todo: no te preocupabas por quién eras ni dónde querías estar en dos años. No planificabas la vida, la vivías. Echo de menos aquello, la energía, la falta de miedo, la habilidad para reinventarte cada día, las ganas de comerte el mundo a bocados.
Al pensarlo me viene a la mente una pregunta: ¿qué es lo que ha cambiado?¿En qué se diferencia esa chica de las fotos de mí? Quizá sean las responsabilidades, que te hacen ser cautelosa. O las decepciones, ya sean amorosas o de cualquier otro tipo, que te provocan recelo y no dejan que te arriesgues. O las expectativas que creas en los que te rodean, que esperan que seas responsable y cabal. O tus amigos, tu familia, tus vecinos, que se van casando y teniendo hijos, y que hacen que pienses que lo que tienes que hacer es seguir el camino marcado y dejarte de improvisar. O una mezcla de todo ello.
Quizá todas estas dudas que me asaltan se deban a que me encuentro en una etapa de oscuridad, de esas de replantearte qué coño estás haciendo mal. Vete tú a saber. Pero el caso es que intentaré volver a ser aquella chica, para que cuando me de otro ataque de nostalgia no sienta que la conozco de otra vida, de otro lugar.
jueves, 21 de abril de 2011
Reflexiones de tinto de verano
"Somos los hijos indeseados de Dios” decía Tyler Durden “¿y qué? Nuestros padres eran nuestros modelos de Dios, y si nuestros padres nos fallaron, ¿qué dice eso de Dios?”. Y no le faltaba razón. Quizá yo no sería tan vehemente en mi exposición pero me gustaría comentar algo sobre lo que he pensado últimamente y que tiene bastante relación con semejante declaración de intenciones.
Hace poco me encontraba en una terraza disfrutando de un día de sol y un tinto de verano cuando la conversación que mantenía con unos amigos tomó un giro dramático y se centró en los avatares de la vida moderna y la generación perdida a la que pertenecemos. Aunque no sé si sería justo llamarnos ‘Generación Perdida’, así con mayúsculas. Creo que esa etiqueta ya se la agenciaron los jóvenes de los 90. Somos una generación tan perdida que no tiene ni etiqueta propia ni pierde el sueño por conseguirse una. Hablábamos sobre cómo cambian las cosas, como ahora con 28 años ni tienes trabajo fijo, ni casa propia, ni en casos como el mío, pareja estable. Y no es porque no queramos, es porque no podemos. Tenemos estudios, sabemos hablar idiomas, hemos viajado por el mundo (algunos a destinos más exóticos que otros), somos independientes y hemos sabido adaptarnos a todas las nuevas tecnologías que han ido surgiendo cuando nosotros de pequeños éramos de Bollicao con cromo y rodillas peladas de pasarnos la tarde en el parque disfrutando de nuestra infancia. Estamos infinitamente más preparados que nuestros padres y sin embargo tenemos menos futuro que ellos en sus días de juventud. Por no hablar del tema ‘juventud’… ahora se es joven hasta los 40. Los 30 son los nuevos 20 y chorradas por el estilo, seguro que habéis oído frases como esa.
En definitiva, nos creímos el cuento con el que nos dormían cada noche: “Si quieres ser algo en la vida, hija mía, estudia” o variantes como “Si no estudias no llegarás a nada”. No es que nuestros progenitores nos odiaran secretamente y quisieran engañarnos sobre nuestras expectativas de futuro, es sólo que ellos eran los protagonistas de ese cuento, para ellos era algo tan evidente como que el sol sale cada mañana. Y nosotros, sin pensarlo, hicimos lo que se esperaba. Pero nos estafaron, la sociedad nos mintió vilmente. Después de pasarnos toda nuestra vida intentando adquirir los mayores conocimientos posibles descubrimos que no son suficientes. Y nunca lo serán porque, se pongan como se pongan, es imposible tener menos de 25 años, una carrera, un Master, varios idiomas y cinco años de experiencia. O yo soy demasiado de letras o las cuentas no salen.
Así que un día te despiertas de tu sueño de joven promesa con todo el mundo a tu alcance y descubres que no puedes permitirte independizarte porque los únicos puestos de trabajo a los que accedes son no remunerados o te pagan 300 euros (ni hablamos de aspirar a esa utopía de firmar un contrato), tampoco puedes irte fuera para ampliar tus conocimientos en inglés o en chino porque, una vez más, no tienes el dinero suficiente, y para colmo de males tienes que ir sola a las bodas familiares aguantando el tipo cuando te preguntan, con cara de asco: “¿Todavía no tienes novio?”.
Pienso en el Mayo del 68 y me digo a mí misma que, ante la injusticia que soportamos, los jóvenes deberíamos hacer algo. Deberíamos alzar la voz, protestar, rebelarnos. Pero un segundo después, otra voz en mi cabeza replica: “¿Rebelarnos contra qué exactamente?¿Contra el Gobierno que hipoteca el futuro de nuestro país y se queda de brazos cruzados viendo como nos vamos yendo poco a poco al extranjero a la espera de que nos valoren como merecemos en otro lugar?¿Contra los empresarios que se aprovechan de nuestra generación y la desesperación por meter cabeza y labrarnos una carrera?¿Contra nuestros mayores que no comprenden que los tiempos han cambiado y que no nos vamos de casa porque no podemos y no porque no queramos?¿Contra la Universidad que no pone diques y deja que cada año se licencien miles y miles de trabajadores disponibles que el mercado laboral no puede absorber?”
Entonces hago callar a las dos voces, ante la imposibilidad de responder a las preguntas que la última de ellas me lanzó y sólo puedo concluir como Tyler Durden que “tienes que tener en cuenta la posibilidad de no caerle bien a Dios, él nunca quiso tenerte. Con toda probabilidad él te odia, pero no es lo peor que pueda ocurrirte. ¡No lo necesitamos! Que se jodan la maldición y la redención, somos hijos no deseados de Dios, así sea.”


