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martes, 8 de enero de 2013

Recuerdo haber leído sobre un científico. Le interesaban los gatos y las cajas. Lo que hacía era encerrar a un gato en una caja. Y para que resultara más interesante le conectaba una máquina que emitía gas venenoso. El científico no sabía cuándo la máquina emitiría el veneno y cuándo no. El único modo de saberlo era mirando dentro de la caja. Ésta es la parte científica. Hasta que la abrió, él suponía que el gato debía estar vivo y muerto. Si cualquiera de las opciones era posible entonces ambas podían ser posibles a la vez. Desde que leí acerca de ese gato, no puedo olvidarlo. No me malinterpreteis, no me importan los pequeños animales peludos. Es sólo que no comprendo. ¿Cómo algo puede estar vivo y muerto al mismo tiempo? Me tomó un tiempo, pero finalmente comprendí por qué el científico colocaba al gato en la caja. Intentaba decirnos algo. Todos estamos vivos. Todos estamos muertos. Todos somos ese gato. Pero debemos tomar una decisión. Nos lamemos y gemimos y esperamos que el veneno nos mate o gritamos y arañamos hasta lograr salir de la maldita caja.



3 comentarios:

pecadocapital79 dijo...

Me alegro de "verte", resulta curioso que esto se parezca a veces a una calle por donde pasamos alguna vez que otra y siempre estamos allí, donde nos dejamos.

Yo creo que en la caja no se está tan mal, aunque siempre depende de quien te meta.

salud-os.

Alu dijo...

¿Y después de 6 meses que es lo que te hace volver a escribir? Y sobre todo, ¿qué es lo que te hace ir tocando las narices por blogs vecinos?

:)

Vacaciones, qué cosa más efímera!

Sils dijo...

Sabes que para tocar las narices no necesito motivación. Y no sé qué me hacer volver a escribir. es un misterio.