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lunes, 25 de abril de 2011

God bless America


Me vengaré de mi mala suerte y me largaré de aquí. No ahora mismo, cuando acabe la carrera y sea una mujer hecha y derecha. Haré la maleta y, en un gesto dramático, miraré hacia atrás y suspiraré antes de cruzar la puerta de embarque de la terminal. Y empezarán los títulos crédito con alguna canción pegadiza como ‘Get it on’ de los T Rex. Evidentemente mi billete de avión me llevará a Estados Unidos, donde todo el mundo puede realizar sus sueños. Cómo no iba a ser esa mi ilusión si estamos hablando de un país en el que la gente se enamora en el supermercado tras haber chocado el carrito de la compra con algún ejecutivo atractivo o un artista atormentado.

Llegaré allí y pronto tendré unos compañeros de trabajo competitivos pero divertidos y mi bloque de vecinos no será como el de ‘Aquí no hay quien viva’, no señor, será como el de ‘Friends’. Tendré citas a ciegas y beberé café para llevar. Todo será maravilloso y mientras, aquí en España, la gente que me conoce dirá que me he ido “a hacer las Américas”, que suena mejor que irte “a hacer las Holandas” o irte “a hacer las Inglaterras”. Celebraré Acción de Gracias y Halloween. Puede que incluso me haga famosa, no lo sé.

Mi fabuloso novio (al que conocí en el supermercado, no lo olvidéis), que no tiene miedo al compromiso, mientras estemos viendo un partido de béisbol delante de cientos de personas, me pedirá matrimonio. Yo diré que sí (bueno diré que “yes”) y pronto tendré mis propios niños americanos que podrán asistir a un instituto de esos con taquillas y bailes de promoción. Como escena final se me podrá ver sentada en el porche de mi casa, siendo ya una entrañable anciana, balanceándome en mi mecedora y acariciando a mi perro, uno de esos del anuncio de Scottex, mientras sonrío al saber que he cumplido mi propio sueño americano.

O la mejor me quedo en Avilés y paso mi vida como el resto de españoles: trabajando ocho horas, quejándome del Gobierno, bebiendo cañas, yendo al pueblo a pasar las vacaciones de verano con mi marido y mis hijos, mis propios niños españoles que acudirán a un instituto sin taquillas y sin bailes de promoción, perpetuando así la especie de “Spañolis Comunes”, y viendo películas americanas en las que otros cumplen sus sueños.



3 comentarios:

Asi. dijo...

Me ha gustado el texto,sobre todo la referencia a la serie 'Friends', siempre quise una cafetería como la de 'Central Perk' con su café para llevar y su sofá lleno de mil historias contadas entre desayuno y desayuno.Y sí,también tengo a veces ese sueño americano.Pero luego despierto,y pienso que a lo mejor no está tan mal irse de vacaciones al pueblo marido y niños inclusive,estar los sábados de cañas y pasar los domingos viendo americanadas románticas.Aunque algún día tengo que ir y comprobar cuánto hay de cierto en esas películas que me trago por las noches.
Un beso.

Albino Blanco dijo...

XDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD, qué bueno. Pues yo estuve de pequeño viviendo en Estados unidos unas 3 semanas y me siento identificadísimo. Me pasaban todas esas cosas, salvo lo del carrito, que claro, no tenía edad para embestir a otros carritos manejados por niñas. Ta faltó mencionar la encantadora escena del niño repartiendo periódicos en bici en un barrio residencial lleno de chalets con jardines insultantemente bien cuidados,otro de los paradigmas del sueño americano.

Sils dijo...

Gracias a los dos por pasar por aquí y opinar, eso ante todo. Y sí, Asi, muchas veces creo que tendré que ir por mí misma a comprobar cuanto de cierto tienen esas películas que veo, y Albino Blanco en eso nos lleva ventaja. ¿Es cierto que todos tienen los dientes blancos y perfectos y no les huele el aliento cuando se levantan por las mañanas?

Un beso.