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sábado, 19 de octubre de 2013
My baby blue
miércoles, 9 de enero de 2013
A veces
lunes, 12 de diciembre de 2011
Dándole cuerda al reloj
A veces el mundo se vuelve más y más grande, acaba siendo inabarcable. Y tú eres ese punto cada vez más pequeño, lejos, más lejos, hasta que eres sólo el recuerdo de una mota de polvo que solía ocupar su lugar. Y la soledad no es una circunstancia física sino un estado mental.
Al final todo el mundo se va. El mundo sigue girando, como en un tío vivo grotesco repleto de caballos de madera. Y sigues ahí, preguntándote por qué sigues ahí sin recordar la respuesta. Subes y bajas, suavemente. Pero todo el mundo se va. A otros lugares, a otro tiempo.
Me pregunto qué clase de vida es esta, si es que es una vida. Lo único que tienes que hacer es respirar, y levantarte de la cama, ir a trabajar, volver a casa, cenar, y dormir de nuevo. Y dar gracias a Dios por la familia y la salud. Hasta que finalmente te pudres.
domingo, 11 de diciembre de 2011
Humedad
martes, 13 de septiembre de 2011
La mujer de negro
viernes, 9 de septiembre de 2011
jueves, 8 de septiembre de 2011
Tantas vidas
lunes, 22 de agosto de 2011
Retornos
miércoles, 10 de agosto de 2011
Ayer por la noche
Como si alguien hubiera encendido la luz de la habitación y la realidad quedara desnuda intentando taparse con la sábana. Así de certero fue el momento en que ayer te dije “Muy buenas noches”, cuando en realidad lo que quería decir es “Espero no volver a verte, que tengas suerte en la vida”. Aunque no lo percibieras.
miércoles, 13 de julio de 2011
lunes, 11 de julio de 2011
Haiku sobre asientos traseros
jueves, 7 de julio de 2011
Parar o estacionar
domingo, 26 de junio de 2011
lunes, 20 de junio de 2011
Eres el Houdini del amor
Otra vez llega el verano. Otra vez dejo Madrid para volver a casa. Otra vez las noches se me hacen demasiado largas. Y rezo y pido, temblando como una niña idiota, no cruzarme contigo, no encontrarte sonriendo apoyado en la barra de algún bar intentando llevarte a la cama a alguna buscona sin cerebro. Porque no sé lo que haría. Porque Madrid es mi territorio libre de ti pero mi casa, esa pequeña ciudad en la que tú también vives, es para mí un puto campo plagado de minas antipersona. Aunque para ser sincera, aquí entre nosotros y sabiendo que tú no lo vas a leer, en un rincón de mi corazón, ese tan oscuro y obstinado que sigue trayéndome ráfagas de ti, sueña con encontrarte y tener una última noche contigo, que me dediques una última mirada.
Esta maldita cruzada que tengo con mi corazón para dejarte ir de una vez por todas está siendo más compleja de lo que me gustaría. A veces se me hace cuesta arriba pensar que tú ya no piensas en mí, que te da igual. Y eso es lo que yo quiero: no pensar en ti, que me dé igual. Debiste haberme dado clases de indiferencia antes de irte. No podría haber aprendido de nadie mejor que de ti, maestro del escapismo. Eres el Houdini del amor. Y de vez en cuando pienso que con todo esto que escribo, mi blog se vuelve demasiado personal, pero qué puedo hacer. Si no escribo todo esto mi cabeza explotaría. Y no puedo seguir repitiendo lo mismo a mis amigos, que no entenderían por qué sigo aferrada a este ancla que lo único que hace es hundirme cada vez más. Pero, al final del día me importa una mierda lo que los demás piensen. Es mi teclado y es mi cerebro, y este blog es mi papelera de reciclaje en la que vierto los pensamientos más crueles que me atormentan.
Después de todo, finjo que te odio. O te odio, pero de una manera tan apasionada que sólo puede estar cimentado en un amor corrosivo y persistente. No es que del amor al odio sólo haya un paso, es que son hermanos siameses.

jueves, 16 de junio de 2011
Yo, prometo
Últimamente ando algo falta de creatividad y la página en blanco me insulta desde el escritorio haciéndome saber que carezco de talento. Será porque te lo has llevado y en su lugar me has dejado un océano de rabia. No, más bien un universo de rabia porque es bien sabido por todos que el universo en infinito y no deja de expandirse. Como mis ganas de tenerte delante y decirte que eres un mierdas. Para, acto seguido, salir de la estancia dando un portazo y haciendo tambalear la imagen de chica cabal y sensata que tienes de mí. O que tenías. Qué se yo, ya no me importa.
Recuerdo una vez que me dijiste, con tus cautivadoras palabras y a sabiendas de tu objetivo final, que no podías tratarme como a las demás porque nunca habías conocido una chica como yo. Pues mira, en eso tenías razón. ¿Recuerdas cuando agachabas la cabeza cobardemente y te dije que no sé la clase de chicas con las que estás acostumbrado a tratar pero que yo claramente no soy como ellas? Punto para mí. He de reconocer que de vez en cuando tengo mis momentos de lucidez. Ojala te conociera la mitad de lo que me conozco a mí misma, porque entonces no daría estos palos de ciego que me hacen parecer terriblemente mala a la hora de gestionar naufragios sentimentales.
Pero bueno, quiero que sepas que estoy tratando de solucionar toda esta mierda que me has dejado aquí como regalo de despedida y como Los Planetas cantaban, prometo no seguir viviendo así, prometo no pensar en ti. Prometo dedicarme solamente a mí.
miércoles, 15 de junio de 2011
Mi primer premio

lunes, 13 de junio de 2011
miércoles, 8 de junio de 2011
Odio la lluvia

Podría decirte millones de cosas, maldecir, insultar, incluso golpearte como forma de hacerte despertar de ese sopor en el que parece que estás sumido. Me pones de un humor de perros, eres capaz de sacarme de mis casillas incluso sin que digas nada. Especialmente cuando no dices nada. Y en mi cabeza una y otra vez imagino situaciones en las que te digo que te vayas a la mierda, que eres un gilipollas, que me has destrozado. Y tú, invariablemente vienes tras de mí y me dices que lo sientes, que eres idiota, que te perdone. Aunque la idiota soy yo, está claro. Porque pasan los días, y sigo en el mismo punto, mientras tú estás sabe Dios dónde, y no contestas a los mensajes y no piensas en mí.
Es la maldita lluvia, lo sé. Tiñe la ciudad de gris y me sume en una tristeza tan profunda que no me deja mirar hacia delante. No me deja pensar que todo irá bien, que estoy bien, que debo dejarte ir porque, al fin y al cabo, ya te has ido. Y espero y pido desesperadamente que salga el sol y todo esto sea pasajero, porque sé que no podré vivir así eternamente.
Odio la lluvia.
domingo, 5 de junio de 2011
Pasajeros al tren

A veces la vida te abofetea y te pone en tu sitio, con una violencia que parece decir: “Déjate de tonterías y espabila”. Puede ser porque llevas viendo la catástrofe aproximarse lentamente durante meses y prefieres quedarte en tu butaca para ser espectador de primera fila en el vodevil de tu existencia. O tal vez porque tu cerebro se ralla, como les pasa a los DVD’s, y por una minúscula mota de polvo se congela en un frame y se repite eternamente hasta que lo sacas del reproductor y lo limpias. Y menos mal que la vida nos zarandea de vez en cuando para que veamos que si seguimos sentados sin hacer nada la vamos a cagar.
Es en ese momento en el que tienes que hacer algo, lo que sea. Estamos echados en la vía del tren y vemos la locomotora acercarse, echando humo por su chimenea. ¡Haz algo, lo que sea! Levántate deprisa y echa a correr, o quédate ahí tumbado, pero toma una decisión. Sea cual sea, marcará tu futuro: viviendo o muriendo. Pero será una decisión definitiva. Porque la vida es ese tren, que se aproxima pitando, y no va a parar.
jueves, 2 de junio de 2011
Los sueños, sueños son
Si hay algo que me molesta profundamente es que algo o alguien me perturbe el sueño. No puedo evitarlo. Concibo el dormir como uno de los placeres de la vida más exquisito y el insomnio, por ejemplo, para mí sería el peor de los castigos. Por eso estoy bastante molesta. Porque una persona lleva colándose en mi mundo onírico cinco días consecutivos. Es un cobarde, porque aprovecha la situación y, sabiendo que no tengo control sobre mi subconsciente, rellena mi mente con su presencia. Seguro que lo hace con conocimiento de causa. Seguro que sabe que, durante el día, no hago más que alejar su imagen de mis pensamientos y lo expulso vilmente y sin miramientos de ningún tipo. Y seguro que piensa con una sonrisa maléfica, de esas de malo de película: “¿Te crees muy lista por no pensar en mí? Sí, tú sigue creyendo que eres inmune a mis encantos, ya veremos lo que pasa cuando llegue la noche…”. Y se frotará las manos cuando acabe la frase. Pues ya está bien. Déjame en paz, por Dios te lo pido. Devuélveme mis sueños inconexos y sin sentido, por favor. Desaparece. O, bueno, no desaparezcas de mis sueños pero muéstrate también cuando estoy despierta.

